En cuanto a su emplazamiento cabe hacer notar que el objetivo de ejecutar el proyecto educativo en dicho sector dice relación con el propósito de acercar este modelo educativo a familias vulnerables del sector que no contaban con los recursos necesarios para desplazarse a otros sectores donde existía una oferta similar. El transcurso del tiempo lo ha convertido en un colegio que atiende no sólo a niños y niñas del sector en el que se encuentra emplazado, sino de variados sectores de la ciudad de Coquimbo como la Parte Alta, Punta Mira, San Juan, Sindempart y Baquedano quienes optan por este establecimiento basado en sus experiencias familiares o por referencias.
CONTEXTO El Colegio San Francisco Javier se caracteriza por prestar servicios educacionales a una población de estudiantil medianamente heterogénea desde el punto de vista socio-económico con una mayor concentración de familias de clase media. No obstante el origen socioeconómico de la mayor proporción de estudiantes proviene de hogares más bien, modestos. La mayoría de los apoderados han declarado tener entre 11 y 12 años de escolaridad y un ingreso del hogar que varía entre $430.001 y $550.000. Con esta clasificación que nos proporciona el SIMCE, nos indica que entre 38,01 y 62% de los estudiantes se encuentran en condición de vulnerabilidad social.
SELLOS EDUCATIVOS Una ardua responsabilidad recae sobre la comunidad educativa , Asi nuestro trabajo no consiste sólo en transmitir información, sino en presentarla en forma de problemática y establecer con los alumnos una relación que les permita el desarrollo de su personalidad, respetando su autonomía. El colegio contribuye, de esta manera, a formar el juicio y la responsabilidad del alumno por medio del diálogo y el sentido crítico. Desde la perspectiva de mediados de la década de 1990 de un mundo considerado inmerso en cambios y complejidad, una comisión de la UNESCO bajo el liderazgo de Jacques Delors propuso cuatro pilares sobre los que sostener la educación. Al verse la educación «obligada a proporcionar las cartas náuticas de un mundo complejo y en perpetua agitación y, al mismo tiempo, la brújula para poder navegar por él», la comisión Delors propuso aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser como cuatro tipos fundamentales de aprendizaje. Cada uno era merecedor de la misma atención. Y juntos conformarían un todo que guiaría la educación a lo largo de la vida humana. El cambio, la complejidad –y también la fragilidad, la precariedad y la incertidumbre– siguen entre nosotros 25 años después. La pandemia de COVID nos ha puesto ante un espejo y nos ha demostrado que seguimos lejos de conseguir que nuestras sociedades sean más justas, equitativas e inclusivas. También está claro que todavía tenemos mucho trabajo por hacer para evitar la catástrofe ecológica. Pero la COVID también ha reforzado la convicción de muchos de que el apoyo mutuo, la puesta en común cooperativo de recursos y la acción colectiva proporcionan las coordenadas morales correctas y son motivo de esperanza.
El movimiento procomún es una estrategia sugerida para aprovechar la reciprocidad, la cooperación y la acción colectiva en aras de un mundo mejor. Presentado por David Bollier de The Next System Project como «a la vez un paradigma, un discurso, una ética y un conjunto de prácticas sociales», se ha considerado que el movimiento procomún representa una gran promesa para transformar las sociedades. Es importante señalar aquí que el procomún es lo que se comparte, practicar el procomún lo que se hace juntos, y el bien común lo que las personas construyen y atienden juntas. El procomún no existe nunca por sí solo. El procomún debe alimentarse, a veces protegerse. Y si aceptamos que las habilidades y competencias «procomunes» ocupan un rango importante entre las necesarias en el presente para los futuros que queremos crear, podríamos pensar en reorientar los «cuatro pilares» de Delors en torno a lo procomún. La reelaboración de cada uno de estos pilares en relación con el desarrollo de capacidades para acciones de práctica del procomún y el fortalecimiento del bien común ofrece una brújula y un mapa adecuados para los desafíos colectivos de nuestra coyuntura histórica actual. Aprender a estudiar, preguntar y coconstruir juntos Dentro de un marco procomún, la adquisición de conocimientos debe reformularse como un proceso que no consiste simplemente en capacitar a las personas, sino más bien en conectar a las personas entre sí e intergeneracionalmente con los recursos de conocimiento común de la humanidad. Un paradigma procomún exige que se preste atención a la forma colectiva en la que se accede, se utiliza y se crea el conocimiento.
El pilar del conocimiento que sustenta la educación debería entonces orientarse hacia el aprendizaje para estudiar, preguntar y coconstruir juntos. Esta revisión destacaría las dimensiones sociales del aprendizaje, así como las dimensiones del conocimiento que son diversas y forman redes. Reelaborar el pilar del «aprender a conocer» de este modo orientaría a los educadores hacia enfoques pedagógicos constructivistas y hacia la consideración de sus estudiantes como comunidades de aprendizaje. Destacaría los conocimientos procomunes como un recurso intergeneracional y una conversación que se ha construido y alimentado a lo largo de milenios. Aprender a movilizarse colectivamente El debate de la Comisión Delors sobre «aprender a hacer» se limitó casi exclusivamente a la cuestión de poner en práctica el aprendizaje en el lugar de trabajo. Un marco procomún refundiría este enfoque en términos de habilidades y competencias que permitan la acción colectiva.
La capacidad de colaboración así adquirida sería valiosa en el mundo del trabajo y también en muchos otros ámbitos. El pilar de «hacer» que sustenta la educación debería orientarse a aprender a movilizarse colectivamente. Centrar los esfuerzos educativos en capacitar a los alumnos para que actúen juntos pone de manifiesto la importancia de la deliberación, la comunicación intercultural y la formación de coaliciones.
Aprender a vivir en un mundo común Establecer el concepto de «aprender a vivir juntos» como pilar esencial sitúa a la educación en el camino correcto. Al revelarse las perturbaciones causadas por la COVID, se ha recordado a la humanidad lo estrechamente vinculados que estamos entre nosotros desde el punto de vista biológico, político y social. (Aunque, en ocasiones, esto último se ha manifestado dolorosamente por su ausencia y aplazamiento). Aunque «juntos» es un concepto sólido, no podemos permitir que solo signifique una coexistencia pacífica «conviviendo con los demás». Tolerar y respetar los derechos de los demás y las formas de ser de los demás es un primer paso. Pero el reto para los seres humanos que viven en el planeta Tierra en 2021 es construir formas saludables y sostenibles de convivencia: entre ellos y con el planeta. Orientar este pilar hacia el aprendizaje de vivir en un mundo común eleva la importancia de la educación que se relaciona con nuestra humanidad común y con el mundo natural del que formamos parte. Este cambio nos permite remodelar la vida común como una experiencia entrelazada y fundamentalmente compartida.
Aprender a atender y cuidar Cuando la Comisión Delors presentó «aprender a ser», hizo hincapié en el desarrollo de la propia personalidad y en poder actuar con independencia, criterio y responsabilidad personal. No se debe pasar por alto el papel de la educación a la hora de apoyar a las personas en la libertad de pensamiento, el pensamiento crítico y la realización de sus propios propósitos autoelegidos. Al mismo tiempo, hemos visto los peligros insidiosos del individualismo adquisitivo y la empatía disminuida que aparecen cuando la autonomía se produce totalmente a expensas de una comprensión de la relacionalidad. Al aplicar un marco procomún al pilar de la educación que hace hincapié en el desarrollo de la persona completa, deberíamos pensar en términos de aprender a atender y cuidar. Esto implicaría entendernos como personas que son a la vez capaces y vulnerables. Nos obligaría a reflexionar sobre cómo afectamos a los demás y al mundo y cómo estos nos afectan. Requeriría que los educadores centraran su trabajo en los derechos y responsabilidades que entran en juego en nuestras relaciones e interdependencias. Un paradigma de práctica del procomún consideraría los problemas de preocuparse por, atender, prestar y recibir cuidados cuestiones inextricablemente sociales y morales que invitan a los individuos a actuar juntos y compartir la responsabilidad. Hay que considerar que este es uno de los pilares fundamentales de la educación situaría nuestras relaciones entre nosotros y con un mundo más que humano en el centro de la práctica educativa. Este artículo ha sugerido que las bases educativas centrales pueden reelaborarse de manera útil para valorar y empoderar a las personas, ya que también aprovechan la mutualidad, la cooperación y la acción colectiva en aras de un mundo mejor. Los cuatro pilares de Delors se pueden actualizar para apoyar mejor a los educadores que están trabajando para diseñar experiencias de aprendizaje significativas. Utilizar un marco procomún para poner en primer término lo que compartimos juntos, lo que hacemos juntos y lo que construimos juntos nos ayuda a reimaginar las habilidades y competencias más necesarias en el presente para los futuros que queremos crear.
VISION Seremos una escuela inclusiva e innovadora que se adapta a la contingencia nacional y global, por medio de la incorporación de recursos humanos y materiales idóneos para contribuir en la formación valórica, académica e integral de niños y niñas gestores de su propio aprendizaje, quienes serán capaces de convertirse en agentes activos de esta sociedad.
MISION Educamos integralmente promoviendo la formación valórica y el desarrollo de habilidades, actitudes y competencias que le permitan al estudiante desenvolverse de manera autónoma y eficiente en su contexto familiar, educativo y sociocultural, dando respuestas atingentes a las necesidades del alumnado e, incorporando activamente a las familias como un agente potenciador de los aprendizajes.